Los primeros rayos del sol de la mañana comenzaron a filtrarse por las rendijas de las cortinas, iluminando la habitación de huéspedes. Mónica abrió los ojos lentamente, sintiendo un calor reconfortante que la envolvía. Al girarse, se topó con el rostro sereno de Boris, quien aún dormía profundamente con un brazo pesado tatuado alrededor de su cintura. Por unos segundos, una sonrisa de pura felicidad se dibujó en sus labios al recordar la intensidad de la noche anterior.
Sin embargo, el hechizo