—Acepto. —Dijo ella que cada sílaba que salió de su boca, era como un puñal, como una daga que se incrusta en lo más profundo, era ella ya un ser sin voluntad, respiraba porque así lo decía su cuerpo.
—Puede besar a la novia—Él se acerca y se apodera de su boca hasta hacerla sangrar, pero ella no ve la diferencia. Era una semana de tortura tras tortura, solo dejaba que él hiciera lo que quisiera con ella; total, ya había perdido la fe.
—Así me gusta, obediente, sumisa, una mujer que sabe lo que