UN MES DESPUÉS
—Puedes besar a la novia y recuerden que están en la casa de Dios —dijo el padre, a lo que él hizo caso omiso, porque la tomó de la cintura y, como si se tratase de la escena de una película, la inclinó hacia abajo; finalmente la besó, como su princesa lo merecía. Hasta Kitty y Arnulfa estaban ahí, como el cuadro familiar perfecto, para la fotografía que perduraría en la historia y su nuevo comienzo.
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—¿Quieres algo de comer? ¿Tus pies se volvieron a hinchar? Mejor nos