FINAL
—Lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre. —Mientras ellos se daban un casto beso y muchos aplaudían, ellos salieron de la mano, con una enorme sonrisa adornando sus rostros.
—Se ven tan lindos —expresó Evelyn, una vez que ellos salían de la puerta de la iglesia, acompañada del brazo de su hermoso rubio.
—Están enamorados, eso hace que sus ojos brillen así— respondió Sebas.
Caminaron a paso lento, un poco alejados de todos; ese día eran simples espectadores, observando aquella tierna escena de amor. Eran Franklin y su ahora esposa. Luego todos fueron en carrozas acondicionadas para la ocasión hacia el gran salón lleno de flores y hermosos candelabros colgando del techo. Todo era perfecto por donde lo veías, tal como los novios habían soñado. La primera escena fue el baile. Evelyn suspiraba, con tanta nostalgia; hacía casi un año que se había casado con Sebas y recordaba su baile, su primer baile como el señor y la señora Mckay.
—No llores, mi amor.
—No te preocupes, so