—Por favor, no me dejes.
—No te puedes ir sin escuchar su versión de los hechos. —Ella solo miró de arriba a abajo a Frederick, moviendo la cabeza de un lado a otro, negando lo que este pedía. Era increíble, pero qué le sorprendía si después de todo era su hermano, el que siempre solapó su vida de excesos y lujos.
Se marchó, con el corazón roto, con el alma destrozada, con los sueños hechos añicos, con aquella ilusión rota de que aquel día sería el mejor de su vida; simplemente las personas a s