—Gracias por haberme ayudado como lo hiciste; bueno, todas en realidad, no me dejaron sola ni un momento.
—Después de que nos contaste, era imposible, no podíamos dejarte sola. Ninguna mujer que ha pasado por eso debería estarlo.
—Gracias por escucharme, por el consejo que me dieron. No sé si sea lo correcto, pero necesito hacerlo. Ahora vayan, que esas montañas las esperan y sé que mueren por ir; yo mañana estaré tomando ese vuelo.
Ellas se despidieron, subieron a un taxi y se marcharon, algo