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—Gracias por haberme ayudado como lo hiciste; bueno, todas en realidad, no me dejaron sola ni un momento.

—Después de que nos contaste, era imposible, no podíamos dejarte sola. Ninguna mujer que ha pasado por eso debería estarlo.

—Gracias por escucharme, por el consejo que me dieron. No sé si sea lo correcto, pero necesito hacerlo. Ahora vayan, que esas montañas las esperan y sé que mueren por ir; yo mañana estaré tomando ese vuelo.

Ellas se despidieron, subieron a un taxi y se marcharon, algo preocupadas; Eve sonreía, solo para que se vayan tranquilas; en cuanto se supo sola, sintió todo ese peso regresar a sus hombros, esa oscuridad que la había acompañado desde el día que la verdad fue descubierta, en el que la obligaron a recordar, cuando no le dejaron opción; después de todo, ahora cada marca en su cuerpo tenía sentido.

Estaba tan cansada de llorar, de sufrir, Se sentó en el muelle, con los pies dentro del mar; a lo lejos podía ver los botes, los pescadores, el sol en todo su esp
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