—Tus labios saben más dulces de los que me imaginé —dijo casi sin despegar su boca de la de ella.
—Sigo sin creer que me besaste.
—Me moría de las ganas de hacerlo, creo que desde que te conocí, por favor, dime que si te pido ser mi novia, aceptarías.
Cuando se lo dijo, ella retrocedió unos pasos. ¿Novia?
—No puedo ser tu novia, no puedo jugar a ser tu novia — No espero y con las fuerzas que pensó que no tenía salió corriendo, cuando llego a la gran avenida, tomo el primer taxi que paso, el rub