El ver su cara de horror, más que de vergüenza, lo hizo resarcir de alguna manera sus palabras.
—Quiero que me cuides, ebrio, no sé qué soy capaz de hacer.
—Supongo que puedo hacerlo, eso de cuidarte por esta noche—Suspiro aliviada, por un instante la idea de estar solos, en su habitación, de noche, le hicieron sentir un temor terrible, nunca había estado con alguien, el miedo que le provocaba su propio reflejo, siempre había ocasionado que la sola idea de que alguien la viera totalmente como e