AURORA
Antes de que la matriarca pueda lanzar otra de sus réplicas cargadas de veneno, la voz pesada de Vladimir truena desde el otro extremo de la mesa, dando un golpe seco con la palma de su mano sobre la madera.
—Ya basta, Lenora —sentencia el viejo Alfa, con una autoridad militar que no admite discusiones—. Nuestro hijo tomó una decisión y se respeta. Es el Alfa de este territorio y ya es un hombre hecho y derecho.
Vladimir se acomoda en su silla, cruzándose de brazos mientras desvía su mir