SEBASTEN
Unos pasos apresurados resuenan en el pasillo de acero. Me giro de inmediato, mostrando los colmillos por puro instinto antes de reconocer a Keith, uno de mis centinelas de mayor confianza. Trae la ropa húmeda y el rostro tenso, cargado de la culpa de quien sabe que la seguridad del Alfa falló bajo su guardia.
—Alfa —dice, agachando la cabeza en señal de sumisión para aplacar la hostilidad que emana de mí—. Revisamos la zona del acantilado y el tramo de la autopista.
—Dime que encontrar