AURORA.
Han pasado tres días desde que el pánico se desató en los límites de la propiedad. Tres días de encierro estricto en los que el aire filtrado de la planta alta empezó a sentirse como una condena. Hoy, finalmente, Sebasten cedió un poco el control y me permitió bajar a la sala principal, siempre y cuando no me acerque a las salidas ni a los conductos de ventilación no purificados.
Me acomodo en el gran sofá de cuero con la computadora portátil sobre las rodillas. Necesito mantener la men