SEBASTEN.
Estoy en mi oficina de la planta alta de Apex-Tel, revisando los informes de pérdidas del trimestre en la computadora, cuando el teléfono personal sobre el escritorio vibra con violencia. Al ver el nombre de Gabriela en la pantalla, un presentimiento amargo me tensa los músculos de la espalda.
Contesto de un tirón.
—Habla, Gabriela —ordeno con voz cortante.
—Señor, tenemos una situación crítica en la propiedad —la voz de Gabriela llega al otro lado de la línea completamente alterada,