SEBASTEN
Sus palabras, lejos de enfurecerme, me asientan el control. Es la biología de mi raza abriéndose paso en su sistema humano; el cachorro exige mi presencia, exige mi rastro, y ella no puede luchar contra el instinto animal que le inyecté la noche que la reclamé.
—No luches contra eso, Aurora. Es una batalla que vas a perder —le digo, acortando la distancia por completo. Deslizo mis manos hacia sus tobillos, atrapándolos por encima de la sábana y tirando de ella con suavidad pero con fir