AURORA
Un mes ha pasado desde el día en que colapsé en esa cafetería y mi vida se partió en dos dentro de la habitación del hospital. Un mes entero huyendo del recuerdo de unos ojos que cambian de color y de una amenaza que me quema la piel cada vez que la evoco en mitad de la noche.
Hoy es el día. Hoy me caso con Marcus.
Me miro al espejo de cuerpo entero en la habitación privada, conteniendo la respiración. El vestido es impecable, de un blanco roto que contrasta con la palidez de mi rostro.