AURORA
Me quedo mirando a Sebasten mientras las palabras del doctor flotan en el aire de la habitación. Siento una opresión brutal en el pecho, un peso sordo que me corta la respiración porque estoy segura de que voy a encontrar desprecio, odio o rencor en sus ojos.
Lo lógico sería que me mirara como a una cualquiera, que sintiera asco al verme acorralada entre mi exnovio y el.
Sin embargo, lo que veo en sus pupilas oscuras me sorprende tanto que me forma un vacío en el estómago.
No hay asco.