AURORA
—Tranquilízate, Aurora —me ordenó Sebasten, pegando su frente a la mía un segundo para intentar transmitirme su fuerza, aunque sus puños temblaban de rabia—. No les van a hacer daño todavía. Fayir no los quiere a ellos; los quiere como carnada para sacarme a mí del perímetro blindado.
—Es una emboscada evidente —intervino Vladimir, dando un paso al frente mientras Keith desplegaba un mapa táctico del sector sobre la mesa central—. Fayir sabe que no puede romper la seguridad de la casona