AURORA
—Lo sé —dice Lenora con voz baja y firme—. Por eso no te critico. Hoy demostraste que tienes la sangre fría que se requiere para llevar el apellido de esta casa. Cuando vi cómo agarraste al cachorro y no lo soltaste a pesar del dolor, entendí que mi hijo no se equivoco contigo al final. Ninguna mujer débil habría salido caminando de ese túnel.
—Gracias, Lenora —digo, sintiendo un peso menos encima.
—No me des las gracias —responde ella, volviendo a su tono estricto—. Cumpliste con tu deb