AURORA
La camioneta frena de golpe frente a la entrada principal de la casona. El perímetro está repleto de hombres armados de nuestra guardia, con fusiles en mano y posicionados en cada esquina del patio. La propiedad parece una fortaleza militar.
Sebasten abre la puerta, baja primero y me carga de nuevo en brazos con extremo cuidado. El dolor en la herida de la cesárea no ha cedido, es un ardor sordo que me recorre la cadera y me quita el aliento. Aprieto al bebé contra mi pecho mientras cruz