El despertar fue una bofetada de realidad. Me llevó unos segundos recordar dónde estaba, hasta que sentí el peso muerto de un brazo rodeando mi cintura. El calor que emanaba del cuerpo detrás del mío era abrumador, una presencia sólida que reclamaba cada centímetro de mi espacio personal.
Intenté moverme con lentitud, esperando no despertarlo, pero en cuanto mis músculos se tensaron, el agarre de Julián se hizo más firme. Su respiración, antes pausada, se volvió un susurro cálido contra mi nuca