Había pasado la noche en vela, sentada frente a la ventana, viendo cómo las luces de la ciudad se apagaban mientras mi propia vida se convertía en una sombra.
El sonido de la llave girando en la cerradura me hizo dar un respingo. No necesitaba mirar para saber quién era. El aire mismo parecía vibrar cuando él entraba en una habitación.
—Es hora de levantarse, Elena —dijo Julián. Su voz era tranquila, pero cargada de esa autoridad que no admitía réplicas.
Me giré. Él ya estaba impecable en un tr