Me quedé en el muelle de madera, mirando cómo la niebla se tragaba la orilla opuesta. El agua estaba tan quieta que parecía de metal líquido.
Había pasado una semana desde que lanzamos la auditoría. Siete días sin pantallas, sin informes de bolsa y sin el peso del mundo sobre mis hombros. O al menos, eso era lo que intentaba creerme. La verdad es que el silencio me zumbaba en los oídos. Estaba acostumbrado a procesar miles de datos por segundo y ahora lo único que tenía que procesar era el soni