El estruendo del disparo se quedó rebotando en las paredes de madera como un trueno atrapado. El olor a pólvora inundó mis fosas nasales, mezclándose con el aroma a salitre. Me quedé sorda por un segundo, viendo todo en cámara lenta.
Julián cayó de rodillas, con una mancha roja expandiéndose rápidamente por su hombro izquierdo. Marcus, el traidor, estaba en el suelo también, retorciéndose y gritando porque Julián, antes de caer, le había clavado un abrecartas de metal en el muslo con una fuerza