86. UNA CONFESIÓN INAUDITA
CRISTÍN:
Simón me atrajo hacia él mientras los demás conversaban animadamente sobre los regalos, los planes para explorar París al día siguiente y las anécdotas graciosas del viaje hasta ahora, y me encontré recostada contra su pecho sólido escuchando el latido constante de su corazón que sonaba como un tambor firme y reconfortante.
—¿Feliz? —preguntó con voz suave.
—Completamente —respondí mirándolo—. Aunque todavía me debes esa conversación sobre tus secretos.
Se tensó levemente.
—Lo sé. Y te