24. LA LLAMADA AL TRABAJO
ALAYA:
Miré de reojo a mi padre, quien seguía cocinando, ignorando por completo mi conversación. O al menos, pretendiendo hacerlo. Finalmente, Reynolds rompió el incómodo silencio al otro lado de la llamada.
—Dime dónde estás, Alaya —exigió de nuevo—. Voy a buscarte ahora mismo. Necesito que me ayudes con tu proyecto. Además, tengo tus pertenencias aquí. Dime dónde llevarlas.
Era mi trabajo, al que le había dedicado tantas horas de desvelo, todas mis esperanzas depositadas ahí, con el sueño d