23. DE REGRESO A LA CIUDAD
ALAYA:
Salté asustada al escuchar un fuerte rugido. Miré alrededor, desconcertada. Estábamos definitivamente en la ciudad, pero no era mi casa. Me encontraba en una amplia habitación moderna. Llevaba un cómodo juego de dormir de lana y, para mi sorpresa, todas mis heridas y rasguños habían desaparecido. Me puse de pie y no pude evitar mirar hacia abajo: ¡mis pies no me dolían!
—Papá —llamé, saliendo de la habitación corriendo. El olor a comida me llevó hasta la cocina. Allí estaba él, con un de