17. SIN SABER SI CONFIAR
ALAYA:
Por un momento retrocedí dos pasos. ¿Cómo sabía mi nombre? Mis manos temblaban, aferrándose al marco de la ventana del coche. Sin embargo, al mirar bien, me invadió una sensación reconfortante. Me lancé a sus brazos llorando desconsoladamente. Era mi padre, todavía era un hombre de facciones duras y una mirada que parecía grabarme en el fondo del alma.
—Deja de llorar y ponte el cinturón de seguridad rápido —dijo mientras él mismo me ayudaba, autoritario como siempre.
Mis pulmones luch