16. LA HEMOS PERDIDO
REYNOLDS:
La adrenalina lo inundaba todo, y Ragnar rugía en mi interior como un tambor de guerra. No había espacio para estrategias elaboradas ni para dudas; el campo de batalla estaba dispuesto. Salté hacia el primero de los lobos enemigos, mis fauces encontrando su cuello con una precisión despiadada. El aullido ahogado se perdió en el estruendo de la tormenta, mientras el peso de su cuerpo caía contra la tierra mojada. Mis garras ya estaban en busca del siguiente enemigo.
El aroma de Alaya