14. LA HUÍDA
ALAYA:
El sonido, los gruñidos, hasta la propia luz al final del túnel se oscurecieron por completo frente a mis ojos. Un rugido gutural, profundo y colérico resonó con tal intensidad que el suelo tembló bajo mi cuerpo. ¿Qué demonios eran esas cosas? Parecían humanos, pero, al mismo tiempo, no. No podía ver bien porque luchaban como fieras sin prestarme atención; era mi oportunidad. Intenté moverme, pero mi cuerpo estaba paralizado. Era consciente de que, si seguía allí, estaba perdida. Los rug