15. EN BUSCA DE MI LUNA
REYNOLDS:
Un rugido profundo emergió de mis entrañas cuando el aroma de Alaya inundó mis sentidos. Era sutil, efímero; mi lobo Ragnar, que ahora dominaba el control, comenzó a correr con ímpetu casi salvaje. Sus patas golpeaban la tierra con fuerza, dejando un rastro de huellas profundas en el lodo. Mi corazón, aún humano, latía con tal intensidad que sentía que se me saldría del pecho. Ella estaba viva. Tenía que estarlo. Simon corría detrás de mí.
—Creo que encontró la madriguera de Adrelson