133. LA NUEVA ALAYA
ALAYA:
Estaba asustada y eufórica a partes iguales. Me había dedicado a practicar casi toda la noche. Para mi alegría, Licandor no había vuelto a oponerse a mí desde que leyera lo que nos podía suceder si se descontrolaba. Estaba decidida a dejar que yo aprendiera y dirigiera lo que haríamos. No puedo negar que mi loba Elara contribuyó mucho a convencerla.
Me había sorprendido al demostrar que no era solamente una loba. Como Ragnar, tenía el dominio sobre los elementos, y me lo demostró. Jugaba