132. LISTOS PARA LA CEREMONIA
REYNOLDS:
Desde la cima de la escalinata frente a mi casa, observaba a la gran manada que por años había comandado mi padre con mano dura y benevolencia. Había soñado con este día desde que mi lobo salió. Pero no así, sino con él a mi lado viendo el gran hombre en que me había convertido, como había sucedido en su caso. Sin embargo, aquí estaba yo en solitario, el último descendiente de los grandes licántropos puros herederos de la gracia divina.
La madre luna había marcado mi destino. Me hab