10. LA VISITA DE ZAYRA
ALAYA:
Di un salto atrás, alejándome de mi jefe, que, de un tirón, me colocó detrás de él, escondiéndome de la recién llegada. Miré la puerta que estaba cerrada, ¿por dónde había entrado?
—¿Qué haces aquí, Zayra? —preguntó mi jefe.
—Vine a ver a la paciente —contestó la mujer, acercándose despacio. Era evidente que no era de la confianza de Reynolds—. Pero veo que está ocupada, mi Rey.
—¡Fuera! —rugió mi jefe mientras giraba, sin perder de vista a la tal Zayra, que caminaba lentamente.