9. ALUCINACIONES O ALGO MÁS
ALAYA:
Ver a Alfredo allí, entre la oscuridad de la tormenta, hizo que retrocediera asustada. Creo que estaba alucinando; ese rostro familiar y extraño al mismo tiempo no podía ser mi prometido. Nunca le había dicho dónde estaba, primero porque ni yo misma sabía dónde me encontraba, y segundo porque nunca lo hacía. Volví a fijarme en la oscuridad; la tormenta había arreciado y no se veía nada.
—Ven a comer —Reynolds cerró las cortinas, dirigiéndome de nuevo hacia la bandeja llena de comida—