11. EL ATAQUE A LA MANADA
REYNOLDS:
Sentí cómo mi cuerpo se fortalecía con la sangre de mi futura Luna; los antiguos no habían mentido. Mi fuerza y poder aumentaban al unirme con ella, sin importar que fuera una débil humana. No entendía por qué, con la gran tormenta que nos azotaba, habían venido a atacarnos. Cerré las puertas del refugio donde había escondido a Alaya; nadie sabía que existía ese escondite en mi clóset. Lo había hecho papá para protegerme cuando era un niño.
De tres saltos me encontré en el gran salón