Mundo ficciónIniciar sesiónEl corazón de Lila empezó a latir de forma tan violenta que creyó que se le iba a salir del pecho, su mirada se desplazaba entre aquel imponente hombre y el médico, quien trataba de mantener la calma ante la inesperada visita.
—¡Señor, Alonso! ¿Qué está haciendo aquí? Estoy en una consulta, ¿en qué puedo ayudarle?Alonso apenas lo miró de reojo, este médico era uno de sus mejores profesionales, sin embargo había cometido un error. El hombre no apartó la mirada del vientre de Lila. Y ella, de inmediato lo reconoció, era como si aquel rostro se hubiera quedado impregnado en su memoria.
Era él.
El mismo hombre alto, corpulento y de presencia inquietante que había visto en aquel pasillo dos semanas atrás.
Sus ojos ardían con un brillo extraño.
Antes de que Lila pudiera procesar lo que acababa de decir sobre “cachorros de lobo”, el hombre dio un paso brusco hacia ella.
—¡Tú, humana! Tienes algo que me pertenece.
Alonso clavó los ojos en el vientre de Lila mientras aspiraba su aroma nuevamente. —Los niños en tu vientre son míos.Lila retrocedió instintivamente contra la camilla.
—¿Qué está diciendo? —balbuceó—. Eso es imposible, yo a usted no lo conozco.
El médico carraspeó nervioso.
—Señor, debe haber un malentendido. Esta paciente es una madre subrogada. El material genético pertenece a otras personas, le pido que salga por favor, enseguida voy con usted a aclarar lo que sea necesario.Lila tragó saliva y asintió con desesperación.
—¡Así es! Salga de inmediato, está invadiendo mi privacidad—dijo con la voz rota—. Los óvulos y el esperma son de un matrimonio. Yo no tengo nada que ver con esto.
El hombre negó lentamente —Eso no es cierto.
Se llevó una mano al pecho, respirando hondo, tratando de contener sus emociones.
—Puedo olerlo —dijo con voz grave—. Esos niños son míos. Mi sangre corre por sus cuerpos. —Alzó la mirada hacia el médico. —Precisamente construí esta clínica para garantizar mi descendencia, no entiendo como en mis propias narices puede ocurrir un error. —espetó con voz gruesa y afilada, ese tono hizo estremecer a la pobre Lila.
El médico palideció.
Por un instante, pareció recordar algo, de inmediato su expresión cambió y se puso demasiado nervioso.
—Yo… yo revisaré el expediente de inmediato, señor —murmuró—. Por favor, mantengan la calma. —El hombre, con manos temblorosas comenzó a revisar entre los documentos que estaban sobre su escritorio, tratando de encontrar la respuesta.
Lila sintió que el mundo empezaba a girar.
—Esto es una locura… —susurró, abrazándose el vientre.
El hombre no dejaba de mirarla. Como si ella y esos bebés fueran lo único que existía.
Unos minutos después, una enfermera entró apresurada y se inclinó para susurrarle algo al oído al médico.
El rostro del doctor se volvió ceniza. Empezó a sudar frío.
—Señorita Lila… —dijo con voz temblorosa—. Señor Alfonso…
Lila alzó la cabeza.
—¿Qué pasa doctor?
El médico apretó los labios.
—El hospital cometió un error gravísimo —confesó—. Al momento de la inyección, se le administró a la señorita Lila el esperma del señor Alfonso… mientras que los óvulos y el esperma de la señora Sara y del señor Alejandro permanecen intactos. Todo fue un error, pero nosotros… podemos repararlo, podemos hacerlo de inmediato. Aprovechando que hay pocas semanas de embarazo.
Lila dejó de respirar.
—¿Qué…? ¡Está loco! No estará insinuando que yo… no por favor.
—Por lo tanto… —continuó el médico, sudando— la señorita Lila está actualmente embarazada de los hijos del señor Alfonso.
El mundo se le vino encima.
—No… —susurró—. No, no, no…¡esto es una locura! Yo llevo en mi vientre a los gemelos de Alejandro y Sara, es que no puede ser real, yo no conozco a este hombre. —nerviosa, señaló a Alonso, que no dejaba de observarla, en ese momento ella se había convertido en el cofre más preciado que debía cuidar, pues dentro de ella estaban sus hijos.
—El hospital asumirá toda la responsabilidad por los daños ocasionados —añadió el médico rápidamente—. ¡Lo sentimos muchísimo!
Las palabras no tenían sentido, la mente de Lila comenzó a maquinar miles de escenarios, ¿Qué iba a pasar con su madre? ¿Qué iba a pasar con esos hijos? Imaginó lo terrible que sería todo cuando Alejandro se diera cuenta del error, y sintió que quería vomitar. Aunque en parte un leve alivio la invadía, en ese momento ya no estaría atada a ellos.
Alfonso explotó por las palabras del médico.
—¿Responsabilidad? —rugió—. ¿Eso es todo lo que tiene para decir?
De un solo movimiento, agarró al médico del cuello y lo estrelló contra la pared.
—¡Usted jugó con mi sangre! Y es algo que no puedo perdonar. —el agarre de Alonso se volvió más fuerte haciendo que la tráquea del médico se bloqueara, el hombre jadeaba sin poder respirar bajo su mano.
Lila gritó desesperada:
—¡No! ¡Por favor, suéltelo!
Sin pensarlo, se interpuso entre ambos.
—¡Deténgase! ¡Va a lastimar a alguien! Esto debe tener una solución, si mata a este médico no la vamos a encontrar, ¡Calmese por favor!
Alfonso se congeló al verla delante de él, y con temor de llegar a lastimarla por estar en medio de los dos y de paso a sus hijos. Lentamente, soltó al médico.
—Fuera —gruñó—. Antes de que pierda el control. ¡largo de aquí, idiota!
El médico, lívido, asintió una y otra vez.
—L-lo siento… informaré de inmediato a la señora Sara y al señor Alejandro…
Y salió casi corriendo. Lila se quedó en silencio por un momento, se agarraba la cabeza preocupada. Alonso, sin un ápice de paciencia se acercó imponente.
—¿Qué va a pasar con mis hijos…? —susurró, tocándose el vientre con manos temblorosas. —Esto… esto no puede estar pasando —susurró Lila, llevándose ambas manos al rostro.
El hombre rugió bajo, mostrando sus dientes afilados.
—¡Pasó! —dijo con firmeza—. Y esos niños son míos, yo me haré cargo de todo, tú no tienes de qué preocuparte… Pagaré muy bien por esto.
—No puede llevárselos —replicó ella entre sollozos—. Yo soy su madre. Yo los llevo dentro, hubo un error señor, y ellos también llevan mi sangre.
—Y yo soy su padre, tú misma lo has dicho, solamente eres un vientre subrogado, así que los niños son míos te guste o no.
—¡Usted no entiende! —estalló ella—. Alejandro paga el tratamiento de mi madre. Si se entera de esto… la dejará morir.
Alfonso frunció el ceño. Y exasperado rugió de nuevo.
—¿El maldito problema es el dinero para el tratamiento de tu madre? Me haré cargo, cuento con los mejores recursos y especialistas, y como no puedo llevarme por ahora solamente a mis hijos, te irás conmigo.
—¡No! —gritó Lila—. ¡No puede decidir todo usted solo!
Se abrazó el vientre.
—Estos niños también son míos. Yo también tengo derecho a decidir. No me quiero ir con usted, está loco.
Alfonso la miró fijamente, se llevó la mano a la cabeza consciente de que todo iba a ser más difícil de lo que se imaginaba.
—Vamos a calmarnos… ¿Está bien? —Alfonso quiso acercarse, pero ella dio dos pasos atrás.
—¿Por qué está tan seguro…? —susurró ella—. ¿Cómo sabe que son suyos?
Él apretó los puños.
—Te diré la verdad —dijo al fin—. Pero no te alteres.
Se acercó un paso más. —No debes hacerle daño a los niños.Lila asintió, con el corazón en la garganta. —¿Por qué?
Los ojos de Alfonso volvieron a arder en rojo, así como aquella ocasión que lo vio en el pasillo la primera vez.
—Porque soy un hombre lobo…—bajó la voz hasta convertirla en un susurro salvaje.—y puedo oler a mis pequeños lobeznos. Y no voy a permitir por ninguna razón que algo les suceda.
Lila palideció, y en ese instante, la lámpara del techo, se desprendió estallando en pedazos, Alfonso reaccionó de inmediato y levantó a Lila en sus brazos, alejándola del estruendo que se aproximaba a su cabeza. Quedaron en un rincón del consultorio, mirándose fijamente a los ojos, ella , sorprendida notó ese brillo rojo en sus pupilas, y la extraña fuerza sobrenatural para salvarla de la lámpara.
Nerviosa y sin zafarse de sus brazos preguntó en voz baja.
—¿De verdad eres un hombre lobo?







