Alfonso regresó a la manada con el peso de la preocupación aún latiéndole en el pecho. Apenas llegó al hospital, el panorama lo golpeó como una ola fría. El lugar estaba lleno de heridos. Algunos lobos gemían en las salas de urgencias, otros esperaban sentados en el suelo, con la mirada perdida y el cuerpo temblando por el dolor. El aire olía a sangre, de todas las veces que la manada estuvo mal, ese día parecía ser el peor de todos.
Elena estaba en el centro de todo, atendiendo a los más herid