MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 11. Un hombre que muere en la trinchera
MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 11. Un hombre que muere en la trinchera
Las manos de Camilo recorrieron su espalda, lenta y firmemente, marcando el camino de su columna, como si quisiera dibujarla para no olvidarla. Encontró la cintura otra vez y la sostuvo ahí, segura. Seija arqueó el cuerpo sin querer, buscando más contacto y odiándose por eso, y él la devoró en ese espacio mínimo, sin empujarla, pero sin darle salida, como si supiera que la salida era justamente la distancia y ninguno de los dos