MI MEJOR ENEMIGO. CAPÍTULO 46. Frases devueltas
Camilo se quedó paralizado en medio del salón, con la rodilla aún apoyada en el suelo y el anillo brillando entre sus dedos. Durante unos segundos no reaccionó; solo abrió la boca y dejó escapar un balbuceo ininteligible, incapaz de procesar el rechazo que acababa de escuchar. El silencio alrededor se volvió incómodo, pesado, como si las paredes mismas estuvieran esperando una respuesta que él no lograba dar.
—¿Que… que no.. cómo.. por…? —murmuró, sin lograr formar una frase completa. Sus ojos