CAPÍTULO 41. Los fríos dedos de la muerte
CAPÍTULO 41. Los fríos dedos de la muerte
Rebecca se dio media vuelta con una elegancia que dolía. La espalda recta, el mentón erguido y el vestido ondeando apenas al caminar, la hacían ver como si flotara lejos de la discusión. El Comisionado soltó una carcajada baja y el Gobernador, incapaz de disimular, terminó tosiendo para no reír.
Carlotta y Julie Ann se quedaron heladas, con las mejillas encendidas y la respiración entrecortada. Y Henry solo quería que la tierra se lo tragara. No era dif