CAPÍTULO 14: Un poco de vergüenza y otro de realidad
Henry estacionó su coche frente a la comisaría con un peso en el pecho que le apretaba más que el cinturón de seguridad. No recordaba la última vez que había sentido tanta vergüenza y rabia al mismo tiempo. La fachada gris del edificio, con sus ventanales sucios y un par de policías fumando en la entrada, le pareció como el final de un mal chiste.
Había entrado al juzgado con la arrogancia rozando las cenefas del techo, listo para hundir a la