El aire alrededor del Palacio Obsidiano ahora se sentía espeso y oliendo a metal, como si la atmósfera misma se hubiera convertido en sangre congelada.
El eclipse púrpura sobre ellos ya no solo cubría el sol, sino que comenzaba a escupir lenguas de fuego frío que quemaban las sombras de cualquiera que las tocara.
En medio de la destrucción, Alaric permanecía en posición protectora, mirando a la figura que debería haber sido su ejemplo, pero que ahora se había convertido en su pesadilla más re