La suave brisa que soplaba sobre los restos de la Montaña de Mármol ya no traía el olor metálico de la sangre, sino el aroma de tierra mojada y una extraña frescura.
El alba plateada brillaba en todo su esplendor, iluminando los valles inferiores que ahora comenzaban a cubrirse de plantas luminosas, un fenómeno natural provocado por la energía de la Ascensión de Aria.
Sin embargo, en el pico más alto, donde Alaric permanecía inmóvil como una estatua, la atmósfera estaba lejos de ser pacífica.