Finalmente, el alba se abre en el horizonte este del Valle de la Niebla, pero esta vez la luz del sol ya no se siente fría.
Los tonos dorados y rojizos tocan los restos del escudo plateado de Aria, que se desvanece lentamente, fusionándose con el aire limpio de la mañana.
El campo de batalla que antes era ominoso se ha convertido ahora en un escenario para un momento histórico que nunca será olvidado por el pueblo lobo.
Mientras Alaric aún me sostiene en sus brazos, se produce un movimiento e