Aethelgard, la capital licántropa, suele alzarse con grandeza rígida y disciplina militar estricta.
Pero hoy, sus anchas calles de piedra están llenas de una multitud de humanos y lobos.
Flores blancas de invierno se esparcen a lo largo del camino mientras pasa el cortejo del carruaje real, escoltado por la Guardia de la Sombra.
La gente grita histéricamente, llamando el nombre de Aria con profunda devoción.
Los rumores sobre el escudo plateado en el Valle de la Niebla se han extendido más r