Mundo ficciónIniciar sesiónCLARIS:
El crujido de ramas secas me alertó. Varias figuras emergieron de la niebla; a simple vista parecían ancianas humanas inofensivas, pero sus ojos iluminados contaban otra historia. —No te muevas, Claris —me advirtió Lúmina—. Estas son peores que las Moiras. —¿Quiénes son? —Me abracé al árbol, deseando fundirme con su tronco. —Son el motivo por el que la Diosa Luna nos hace nacer humanas y nos esconde entre ellos hasta los veinticinco años






