394. EL EXTRAÑO DARIEN
CLARIS:
Me desperté por una voz insistente en la cabeza que me llamaba. Miré fuera de la cabaña donde dormíamos mamá, Clara y yo, solo para ver a un enorme lobo negro que me observaba con sus ojos dorados. Para mi sorpresa, no me asusté al ver cómo se echaba sin dejar de mirarme. Salí despacio y caminé hacia él, mientras daba algunos pasos hacia el interior de la cueva iluminada con luciérnagas. La voz en mi cabeza me decía que debía seguirlo. Lo hice, hasta llegar al enorme lago interior de