325. UN DESEO INCONTROLABLE
ANGELA:
Salí corriendo del despacho como si escapara. No me reconocía; jamás en mi vida había sido impulsiva; pensaba muy bien las cosas antes de hacerlas. Pero esto que acababa de hacer era la primera vez, y lo peor de todo era que no me arrepentía; al contrario, quería más de él, del placer que me daba, de ese salvajismo que me hacía explotar a su antojo.
Vi a mi hermana mayor, Lina, mirarme sin decir nada; solo se apartó para que me introdujera en mi habitación, donde mi gemela, Ángel, jugab