Mundo ficciónIniciar sesiónKIERAN:
El aire olía a azufre y putrefacción. Claris, ajena a lo que sucedía, arqueó la espalda bajo mis manos, moviéndose debajo de mí con ansias locas, exigiendo más. Pero yo me detuve. Tenía que aguantar y no dejar que sucediera lo que temíamos.
Ella me tomó el rostro, obligándome a mirarla. Lo hice, tratando de entender si sabía del espectro. —No me mires así &md






