📍 Moscú — Despacho de Volkov, mañana siguiente
El reloj marcaba las nueve. La mansión olía a café fuerte y a tabaco caro. Mikhail Volkov estaba sentado tras un escritorio de madera oscura, la camisa apenas abotonada, con las mangas recogidas. En sus ojos aún brillaba el triunfo de la noche anterior.
Golpearon la puerta.
—Entra —ordenó, sin levantar la vista de los papeles.
Su subteniente, Sergei, apareció con gesto preocupado. Traía una carpeta gruesa bajo el brazo y el ceño fruncido.
—Patrón…