El fuego prendió rápido, la gasolina que Rafael había tirado sobre el césped seco y la mesa de los aperitivos creó un muro de llamas naranja que separaba a los novios de la salida principal.
El humo negro y espeso empezó a llenar la carpa blanca, picando en la garganta y los ojos.
—¡A la casa! —gritó León, agarrando a Nuria del brazo y tirando de ella hacia atrás—. ¡Bruno, saca al niño!
Bruno Vane ya tenía a Alex en brazos, corriendo agachado hacia la puerta lateral del servicio, cubriéndole la